Los sistemas de observación oceánica se presentan cada vez más como infraestructuras críticas para gobernar espacios oceánicos vastos, cambiantes y de difícil acceso en un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la expansión de las economías basadas en el océano. Las iniciativas de monitoreo a gran escala y las plataformas de datos prometen generar la información necesaria para una gobernanza del océano basada en evidencias. Sin embargo, estos sistemas son costosos, frágiles y dependen de arreglos institucionales y financieros inestables. Frente a esta situación, parte de la comunidad científica intenta reposicionar los sistemas de observación oceánica como infraestructuras de conocimiento de interés público, cuyo valor trasciende la investigación científica.
Esta ponencia examina este proceso de «infraestructuración» y el papel de las infraestructuras de datos geoespaciales en la transformación del océano, de un espacio «indómito» (unruly) a un espacio gobernable. Para ello, se apoya en los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (STS) y en los trabajos recientes sobre la política de la infraestructuración (Blok et al., 2016; Drakopulos et al., 2022).
El análisis se basa en una etnografía colectiva de los espacios internacionales de gobernanza oceánica vinculados a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos celebrada en Niza en 2025, complementada con entrevistas a actores implicados en las principales iniciativas de observación (GOOS, Copernicus Marine Service y Argo). La ponencia analiza los esfuerzos de científicos, instituciones y organismos financiadores por estabilizar las infraestructuras de observación, destacando su relevancia social e integrándolas en las agendas de gobernanza. La expansión de estas infraestructuras – a menudo mediante asociaciones comerciales, fundaciones filantrópicas y el uso de buques de oportunidad (ships of opportunity) – genera conflictos en torno a las prioridades de observación, la comercialización de los datos y la autoridad sobre las infraestructuras de conocimiento. Como resultado, se configura un océano ordenado por datos geoespaciales, aunque profundamente desigual, en el que determinadas áreas se vuelven infraestructuralmente (in)visibles y ciertos actores consolidan posiciones de privilegio epistémico.
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